Hemos despertado,
fue uno de estos días,
que sale el sol y está nublado,
que llueve cada vez que lo necesitamos.
Nos llegó el invierno compañero,
y aquí no hay nieve pero tu cabeza es blanca,
la barba ya no te apura y acumula días,
acomodás de pura costumbre el bigote mientras me pasás un mate:
te miro en ésta, nuestra mesa,
y siempre tengo una lapicera en la mano,
nostalgeo el año en que nos conocimos
y de a poco te cuento de las locuras que guardaban las madrugadas en mi colchón,
ese que ya no existe.
Sabores que no probaste entre risa y llanto,
pasó tanto tiempo y vos no cambiaste nada…
en cambio, yo, me siento vieja, vieja e inmensa,
al fin lo consigo y siento mis dos brazos y mis dos piernas…
los veinte dedos, como nunca imaginé.
Sigo escribiendo para que te rías de lo que logró permanecer en mi vida,
nada más que esto, vos y esto de todo lo que tuve.
Recuerdo que era bonita,
que se daban vuelta para mirarme al pasar
y sonrío porque vos aún girás la cabeza para verme cuando traigo un vestido nuevo.
Pero de repente hoy somos los viejos,
a los que les abren las puertas,
esos ante los que se paran los taxis,
y yo no entiendo…
porque te sigo profesando joven como ese primer día en que me hablaste malhumorado.
Le dimos una cachetada a la vida,
amasamos nuestra suerte,
ni vos te lo creías ni yo me lo imaginaba,
cruzamos años como si fuesen puentes
y a veces me pregunto si es cierto, si ha pasado tanto tiempo en verdad…
Pienso entonces
–mientras vos tarareás una canción de los Redondos-
en la escritura de la casa, la boleta de la luz,
las fotos de las últimas vacaciones, los anillos que llevamos en los dedos…
me doy vuelta y a mis espaldas veo un cuarto vacío,
donde alguna vez habito la risa de un niño,
se viene a mi mente la sonrisa de camino al hospital.
Y todo:
los hijos, las fotos, la casa, los libros, el cine, lo viajes
de repente se azotan en mi anteojos
y mi corazón comienza a latir con desmesura como hacía tiempo que no latía;
vos te parás, me tomás del rostro y me preguntás qué me pasa;
te miro tan desconcertada y te veo, pero 40 años atrás,
comienzan a caerse flores de mi boca,
la historia sucede ante mis ojos y lo recuerdo todo!
todo lo que hicimos cuando nunca tuvimos 20 años.
Te digo que estoy bien,
pero quiero que nos vayamos a la cama como aquellas siestas clandestinas en la ciudad,
“La casa tiene el mismo aroma que hace 40 años”
me retrucás con una sonrisa apagando la luz…
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