13 de junio de 2014

Necesito un patio (necesitaba...)

Necesito un patio, pero no uno como el del vecino, no uno con pileta no declarada y bambúes en las paredes imitando un estilo feng shui de cuarta, no quiero un patio clandestino. Tampoco quiero un patio como el de la casa de mi madre, que es puro cemento y no se ha filtrado en estos veintitrés años que llevo viva ni un mísero yuyo entre ese suelo calurosamente gris. Necesito un patio, y no pretendo mucho, no quiero que sea grande, solamente que me alcance para poner una mesita con cuatro sillas y un farol para poder sentarme a escribir afuera. Qué raro esto de necesitar un patio, nunca me había pasado. Porque nunca tuve uno como el que estoy necesitando ahora, inclusive en mi casa anterior, el patio era de cemento también… entonces, ¿de dónde viene esta necesidad a estrenar de tener un patio? ¿será que estoy creciendo, será que cuando una se convierte en una mujer con todas las letras necesita un patio para tener plantas y colgar la ropa? No sé. Quizás lo que me pasa es que tengo henchida el alma y ya no entro en el departamento. Yo creo que en el fondo es su culpa, que el alma me aprieta por todos los rincones, desde que sus manos inauguraron recovecos por los que amago a escaparme aunque nunca me animo, y ahora, después de él, ya no entro cómoda donde antes entraba, ¿por qué ahora necesito un patio y un médico para las várices? supongo si me sincero aún más, que ha de ser porque su mirada me desnuda hasta dejarme con la vergüenza con que vine al mundo. Aún así parece que mientras más hojas arranca de esta enredadera más capas de pintura le da a sus carencias, y liberarme para que yo pueda, por ejemplo, venir a sentarme a escribir frente al río, le cuesta el insomnio de alguna que otra noche después de un partido de fútbol. Quizás sea que nos estemos salvando de alguna manera menos aceptable que de costumbre, y así como ahora yo estoy frente al río supliendo la necesidad de un patio, él esta noche podrá estar insomne y dejar de estar anestesiado. Ahora entiendo por qué necesito un patio: porque me hizo crecer tanto que ya no entro en el departamento, y las várices me duelen porque mi sangre quiere enraizarse por fuera de mi a toda vida, y yo como una estúpida, voy al médico pensando que unas pastillas van a aliviar el dolor de que me estén saliendo alas.

12 de junio de 2014

Parque de diversiones

Ahí donde ahora hay un supermercado 
estaba el parque de diversiones al que íbamos 
el mismo parque al que no fuimos también 
en el que no fumamos, no reímos 
y tampoco te pude dar ahí el primer beso 
Ahí ahora hay ofertas de televisores inteligentes 
tremendamente habilidosos 
para poner un muro entre la gente 
Ahí ahora no podemos ir a buscar el vértigo de la montaña rusa 
O el de siquiera pensar en acercarme y sorprenderte 
Ahora hay un supermercado 
en el lugar donde fui tantas veces a recuperar infancia y ganar futuro 
Habrá que inventar entonces un espacio nuevo de redenciones.



~*

... alguien que te hace olvidar del maquillaje para salir a la calle.

10 de junio de 2014

Terminales

Le recorto las puntas al año buceando en diminutas estaciones terminales mientras me entero, por ejemplo, del fin de las abejas y entiendo qué acertado es querer tener un patio, para plantar salvia o manzanillas, y polinizar el mundo para que así sobreviva, desde mi jardín, toda la raza humana. Para sumergirme en las estaciones omnibusales antes vuelo por campos sembrados y juego conmigo misma a adivinar cuándo hace fiesta la cosecha y qué es lo que parirán esas cosas enraizadas en este suelo que tanto se quiere... Y qué terrible si es soja! con lo que me gusta y con lo que natura mata...

...

'Yo no pedí esto' como un mantra de la desesperación no pedí que cuervos azules me destartalen las manos ni las ganas de vomitar el mundo entero cuando este se me mete en el estómago tampoco pedí la idiotez recalcitrante que me abduce y me hace preguntar absurdos No pedí la angustia, el pecho cerrado, los infiernos de las 2 de la mañana ni que me abraces y me lleves hacia vos cuando entre pesadillas salgo corriendo no pedí que alguien me quiera como ni siquiera yo nunca pude quererme y que se sepa de una vez por todas, el viejo tenía razón, ~no hay nada más insportable que una sucesión de días felices~

9 de junio de 2014

Esa versión de mí
que toma mate dulce con café
no sabe de ansiedad
sabe solamente de gatos negros
con ojos de mostaza,
sabe que el burrito encontrado
resucita a la abuela muerta,
que las rosas que mira
lastimaron tantas veces sus dedos.
Esta versión de mí
la del mate dulce y el café
no sufre tanto cuando no sabe
el nombre de algún árbol
ni se siente tan mala mujer
cada vez que se le muere un cactus.
Esta que soy tomando
mate dulce con café
no se pone triste por el sueño
o por los pies eternamente fríos
ni por los versos que no salen
o salen a fuerza de empuje violento.

Pero la que soy
cuando se termina el azúcar
cuando desaparece el café
duele como el sorbo al mate amargo
que está siempre al acecho en mi lugar más natal.

Armadura de cartón

A la luz de la estufa
entendí
que sos un caballero
con armadura de cartón
bastante preocupado
por el encendedor
que ves en mi bolsillo.