Esa versión de mí
que toma mate dulce con café
no sabe de ansiedad
sabe solamente de gatos negros
con ojos de mostaza,
sabe que el burrito encontrado
resucita a la abuela muerta,
que las rosas que mira
lastimaron tantas veces sus dedos.
Esta versión de mí
la del mate dulce y el café
no sufre tanto cuando no sabe
el nombre de algún árbol
ni se siente tan mala mujer
cada vez que se le muere un cactus.
Esta que soy tomando
mate dulce con café
no se pone triste por el sueño
o por los pies eternamente fríos
ni por los versos que no salen
o salen a fuerza de empuje violento.
Pero la que soy
cuando se termina el azúcar
cuando desaparece el café
duele como el sorbo al mate amargo
que está siempre al acecho en mi lugar más natal.
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