Tengo envidia de los árboles
que se despojan,
se desnudan,
como si el frío no importara.
Se dejan el alma al aire,
sean de copa alta, baja, flaca o frondosa,
y en verdad el frío ya no importa.
No tienen noción de la hipotermia,
ni miedo alguno
o siquiera registro de que la muerte existe.
Se dejan azotar por el viento,
no gritan por ello,
sino que regalan un rugir de hojas
declarando acerca de la valentía y el vuelo....
No hay comentarios:
Publicar un comentario