Y si en verdad aquella palabra exacta que tanto se busca
-como sordos a la espera de un grito-
no fuese más que el nombre de una piel habitada?
Si se tuviese que correr tras su pronunciamento estruendoso
como un sordo a la espera de un grito
o esta lluvia cansada de caer?
Fuese así de fugaz su existencia - terriblemente, lo es-
como escucharla susurrada al oído en mitad de la noche
y entender, que, eso mismo que suena
desde otros pulmones, en otra escena,
nada fuera, del verbo ser.
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