Nunca nadie preguntó si quería salir de casa… fuera de mi lugar, había que perseguir el futuro y eso me arrastró como el mismo viento y cuando menos me dí cuenta tuve que cocinarme y lavar la ropa. No solo es que haya salido de mi casa en Santa Fe, sino que también sospecho que antes ya me habían arrancando de quién sabe qué país porque seguro que no soy de acá, el alma densa que me sostiene no es argentina, puedo apostar que viene de un sitio donde llueve mucho y todos los días son grises, donde siempre es de noche y hay mucha suciedad y mucha historia para contar y lecciones para aprender en la calle, y vida sobre todo mucha vida. Cuando mis sospechas empiezan a crecer es cuando caigo en pozos que me hacen abusar de las palabras para darle forma a las ideas más filosas y mortales, las tendencias suicidas se pasean desnudas frente a mí e intentan seducirme, pero prefiero el dolor, siempre prefiero el dolor antes que la muerte por andar en un callejón sin salida o por aburrimiento.
Todo lo propició una araña, la araña que se dirigía derecho a su cuello con aires de vampiro. Después de la araña viene el miedo, el dolor en el útero, el deseo de ser madre, la muerte vuela y hace sombra sobre mí, después de la araña se soltaron unas lágrimas para la cantante y mucho más tarde para mi abuela, la araña me trajo a mi abuela que está felizmente en estado inorgánico, la araña y las arañas, que se han decidido a buscarme apareciendo hasta dentro de un libro, me traen vacío, un agujero negro, un dolor mental que no se puede explicar, me traen bruxismo, envenenamiento filosófico, desorientación, muerte espiritual. Son por definición propia, que nace del sentir crudo, demonios de ocho patas con dos colmillos que inyectan pena, que revuelven mi infancia y la transforman en basura, se mueven tan rápidamente y nunca puedo matarlas, una araña es capaz de acorralarme, insignificante existencia, animal que no merece su nombre, oscuridad maldita, soledad…
Me cuesta recuperar el aliento, el ritmo cardíaco pero tengo que hacerlo…
Busco silenciosamente un puntito en el tiempo en que pueda sentirme bien, y lo busco en silencio pero a veces se nota, porque el esfuerzo que hago es colosal, en fin buscando a veces encuentro momentos que duran horas humanas pero son fugaces para mí que ahora hasta sospecho de mi humanidad... anoche después de la araña, fui a dormir en medio de un caos psíquico hasta que llegó y me abrazó o lo abracé nunca sé… y en esos brazos que son como una red caigo y caigo sintiendo la brisa en la cara y la seguridad al final que se disfraza en el golpe contra el suelo que gracias al cielo nunca llega y tengo paz. Entonces me muevo, giro, te respiro, respiro la pureza de nuestro abrazo y sentimiento y me contento con ese instante que se extiende y se extingue a la vez. Y ya es de día, pero no me molesta porque me abrazás en una noche profunda, apoyás tu pecho en mi espalda para darme mejor equilibrio, me sujetás fuerte y yo me aferro a tu mano, ponés tus piernas detrás de las mías y mi camino se hace liviano y todo es tan puro que da miedo y desesperación. Encuentro la paz y cuando empiezo a saborearla se esfuma, se termina, se esconde hasta nuevo aviso.
Vuelvo a preguntarme qué es lo que es la vida, cómo hay que vivirla y si podemos decidir esas cosas… no lo sé. Tampoco puedo pensar con claridad porque viene a mi mente una y otra vez el deseo vicioso de tu abrazo, de esa tranquilidad, y no es posible hoy porque no estoy donde vos estás, y en realidad eso no sucede a menudo. Pero me contento, sé donde está la paz, dónde he de buscarla, en tu abrazo que es tan poco y que lo es todo, en tu risa, en tus suspiros cuando estás dormido, en tu voz y entonces re-conozco la pausa de la vida, la vuelvo a tocar a acariciar, cuando acaricio tu mano mientras dormís, cuando somos esa pausa vos y yo. Cuando la paz se hace nube entre nosotros…
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